20/6/09

Erudictio (Introducción al texto universitario para no ser leído).



Si por alguna casualidad usted es un estudiante de doctorado de una universidad norteamericana y recientemente ha escrito uno o varios trabajos finales en los que ha obtenido altas calificaciones (entre A y A+), entonces, primeramente, permítame felicitarlo. No es sencillo terminar un ensayo de una veintena de páginas en dos o tres días, sobre todo luego de varias jornadas de juerga y desidia. Pero también, si me permite, le aconsejaría que tome ese buen resultado con un poco de cautela. Puede ser que, sin apenas darse cuenta, usted se esté encausando en el ambiente académico estadounidense. Y esto es inquietante, por muy tentador que sea tener un año sabático, un salario decente y unas prolongadas vacaciones. Las instituciones universitarias suelen ser muy opresivas con las exigencias de publicar regularmente libros que irán a dormir a los anaqueles de las bibliotecas o escribir artículos para revistas que nadie conoce y que de todas maneras casi nadie tendrá curiosidad por revisar. Los académicos norteamericanos, un poco divorciados de la realidad y enredados en cuestiones interdisciplinarias bastante tediosas, son una especie de versión contemporánea de los escolásticos medievales, enclaustrados en sus mal iluminados monasterios benedictinos.

La meritoria calificación puede ser, pues, un indicio de que la universidad ha conseguido domesticarlo y apagar aquellos residuos de lector inconforme que todavía le quedaban. Por eso me gustaría recomendarle que revise su texto. Si comienza con una anécdota más o menos ocurrente y de ahí pasa a plantear algunas incógnitas, en un lenguaje medio poético, denso, oscuro y medio filosófico, en el que, por demás, encontró oportuno intercalar a tres o cuatro referencias a pensadores contemporáneos, entonces quizás –no lo tome a mal-; pero es posible que la nota sobresaliente se deba a que, una vez que el profesor llegó al meollo del problema que usted había planteado, se detuvo para enderezarse las gafas, rascarse un poco la cabeza, meterse el dedo índice en la nariz y razonar más o menos de la siguiente forma:
-No entiendo ni papa; pero tampoco pienso pasarme cuatro horas tratando de descifrar este párrafo, ni mucho menos voy a ponerme a escribir una docena de cuartillas en las que exponga qué es lo que no comprendo. Mejor lo leo todo por arribita y le doy una buena calificación para que no venga a reclamarme que malinterpreté algunas de sus conjeturas. Así quedo bien con Dios y con el Diablo. Además, así tendré unas horas más de tiempo libre, que buena falta que me hacen para ver un dvd o intrigar contra algún colega de mi departamento.


En cambio, si su trabajo está escrito con claridad, si se esmera por redactar un texto fácil de seguir, entonces el profesor se empecinará en encontrarle todos los defectos posibles, llevarle la contraria y demostrarle que él es mucho más listo que usted. Si su paper resulta comprensible, si no hace un conveniente alarde de citas, o si no se ejercita en neologismos, entonces tendrá que contentarse con un A- o un B+. Mal negocio, amigo.

Textos para no ser leídos.


I
Me gustaría, en una serie de entradas, dedicarme a comentar sobre textos cuya función es precisamente que no sean leídos, aunque evidentemente cualquiera pudiera tomarse el trabajo de leerlos.

No me refiero a las anotaciones personales que, por los motivos que sean, un autor prefiere conservar para sí. Hablo de textos destinados publicarse a sabiendas de que no serán leídos. Más aún, que se divulgan, a veces de manera excesiva, precisamente porque tienen grandes posibilidades de no ser leídos. Suena como un contrasentido. Y lo es, sin duda alguna.

Pero en ningún caso debiera sorprender la abundante producción de dichos textos. De hecho, podría decirse que una –no la única- condición para que un texto no sea leído consiste precisamente en su presencia dentro de un vasto conjunto de textos, la mayoría de ellos igualmente destinados a no ser leídos. Son escritos que dialogan entre sí, se contagian su ilegibilidad, hasta articular una red que amplifica esta cualidad de textos para no ser leídos.

II
Una de las funciones más evidentes de este género de escritos: usurpar el espacio del lector, abrumarlo, hacerle el trabajo difícil, ocultarle una determinada información de tal modo que, sin necesidad de acudir a la censura, encontrarla sea tan difícil como buscar una aguja en un pajar. Los textos para no ser leídos proliferan precisamente donde hay escritos que no hay mejor alternativa que dar a conocer, porque prohibirlos sería todavía más dañino que no divulgarlos.
En ese sentido los textos para no ser leídos fueron una de las perversiones de la prensa bajo los países socialistas. Umberto Eco afirmó en alguna ocasión que el New York Times, con su excesiva cantidad de páginas -que un lector no tiene tiempo de consumir- ocultaba tanta información como las escasas y escuetas noticias que aparecían en los diarios soviéticos. Me parece exagerado. Pero al margen de si Eco tuviera o no razón, lo más probable es que en la voluminosa tirada del New York Times no existan textos para no ser leídos. Si el periódico estadounidense persigue ocultar -o divulgar a regañadientes- una determinada noticia, lo hace mediante la inserción de un cúmulo de textos entretenidos, o a través de polémicas que sean lo suficientemente atractivas como para distraer al lector y hacerle pasar por alto o subestimar la importancia de un determinado detalle. Los textos para no ser leídos no tienen espacio en el New York Times. La prensa en los países socialistas optó por otra variante, más encaminada aun a neutralizar la función crítica del periodismo.

III
Hace unos días, Enrisco mostró en su blog, la cobertura de prensa que tuvo la caída del Muro de Berlín en el diario cubano Granma. La información no sólo era breve y distorsionada, como si el acontecimiento, despojado de su importancia política, ideológica y simbólica, fuese una reforma que se limitaría a aliviar o agilizar los trámites burocráticos para viajar de una Alemania a la otra. La noticia, además, estaba rodeada de textos para no ser leídos.

Enrisco transcribió los titulares:

-Prueban drenaje parcelario en agricultura no cañera
-El sonido de la zafra en Bahía
-VII Feria Internacional de La Habana: concertados varios contratos de exportación
-También les ganamos a las campeonas mundiales
-Diario de una capitana

Y al día siguiente:

-Pinar puede hacer una zafra ejemplar
-Clausuran mañana feria
-En Camaguey conferencia provincial de la CTC
-Electo Petar Mladenov como secretario general del Partido Comunista Búlgaro
-Concluyen hoy las elecciones en Namibia
-Otros combatientes de vuelta
-Manifiesta interés Albania por incrementar nexos con Cuba
-Hallan petróleo en el primer pozo

Es decir, el proverbialmente breve espacio del Granma (una tirada de unas pocas páginas), además del relleno de las fotografías, quedaba invadido por noticias irrelevantes, intencionalmente aburridas y por completo desvinculadas de los intereses de la gran mayoría de los lectores. El Granma es una publicación que debe contener un determinado porciento (más o menos variable según las circunstancias) de textos para no ser leídos porque sencillamente no está orientado hacia un consumidor; sino hacia un ciudadano al que se le pretende inculcar una determinada ideología. Pero bajo el totalitarismo, como afirma Slavov Zizek, la ideología no está concebida para tomarse en serio. La estrategia, por tanto, consiste no tanto en imponer un sistema de valores en específico(y que en definitiva pueden modificarse a conveniencia), como una retórica de optimismo, de triunfalismo, de heroicidad y virilidad. Y la manera de transmitir esto es mediante textos para no ser leídos, repetitivos, invasivos y repetidos hasta la saciedad, cuyos pormenores, despojados de cualquier posible eros (contenidos sexuales, chismes o intrigas personales), se vuelven ilegibles a fuerza de aparecer por todas partes. A veces, la estrategia no está exenta de humor, aun cuando se trate de una burla irrespetuosa(en cierta ocasión, en La Habana, un amigo me mostró dos ejemplares del Granma, con fechas distintas, separados varias semanas uno de otro, en la que se repetía exactamente la misma noticia, con un idéntico titular. No creo que muchas personas se hayan dado cuenta de esa reiteración).
IV
En una futura entrada quisiera comentar otros ejemplos menos evidentes de textos para no ser leídos, como es el caso de parte de la crítica de arte contemporánea.

8/6/09

El dibujo espacial de Sun K. Kwak

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Traduzco (del inglés al español) algunos fragmentos de un texto que escribí para Art Pulse Magazine y que saldrá en el próximo número de la revista. Es una reseña sobre la artista coreana Sun K. Kwak, que en estos momentos exhibe en el Brooklyn Musuem de New York.

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Photo by Zake Kim
I
Mis dibujos nacen de la comunión entre lo material y lo espiritual, donde mi propio yo está continuamente reflejado y vaciándose a sí mismo.

Sun K. Kwak, 2007.


Muchos autores ven el Postmodernismo como un momento definitivamente superado. Ellos están sugierendo que en la actualidad se asiste a un tipo de producción cultural cualitativamente distinta, en la que la participación del espectador en el espacio y las obras concebidas para locaciones específicas desempeñan un papel crucial.

En ese sentido, el espacio del museo ha devenido en un importante medio artístico. Los creadores están integrando a sus obras las particularidades físicas y arquitectónicas de las instituciones de arte. Las paredes, las puertas, o los suelos de la galería tienden cada vez más a ser transformados y apropiados por el artista.

Este es el caso de la exposición Enfolding 280 Hours (Envolviendo 280 horas) de la artista coreana Sun K. Kwak, que se exhibe hasta comienzos de julio en el quinto piso del Brooklyn Museum. La obra de Kwak consiste en pegar cinta adhesiva a las paredes. Ella adapta su instalación a las formas arquitectónicas, incluidos los cuatro pilares y las puertas de cristal del local. El resultado es una serie de amplias e initerrumpidas franjas horizontales en negro, contra la superficie en blanco de las paredes. Al despegar algunas de las áreas que ya había cubierto, Kwak crea líneas interiores y ritmos sugerentes que pudieran evocar un mundo elemental y poderosamente expresivo (y que yo, indistintamente, asocié con las olas del mar, la corteza de un árbol, o las ondulaciones de una llama). Estas largas franjas –la artista usó unas tres millas de cinta adhesiva para completar su instalación- contribuyen a crear una unidad espacial.

II


El título de la instalación alude a al proceso de disponer el masking tape en las paredes. 280 horas fue aproximadamente la cantidad de tiempo que Kwak invirtió en completar su trabajo. Esta referencia a la acción de ejecutar la pieza invita a visualizar la técnica y la labor artesanal realizada por la artista. De hecho, los espectadores tuvieron también la oportunidad de visitar la instalación en progreso y disfrutar el lado performativo de la obra.

III

Desde finales del siglo XIX, uno de los más frecuentes malentendidos relacionados con el nuevo arte ha sido la creencia de que las rupturas con la tradición tienden a ocultar un menosprecio por las habilidades del oficio. La noción de que una obra de arte no demanda un talento en específico, o un adiestramiento técnico ha sido parte de la crítica profana contra las producciones artísticas que se apartan del realismo, el academicismo o la copia del natural. Este es un criterio que dista mucho de ser exacto, aun cuando pueda tener validez para ciertas prácticas artísticas. Si bien las destrezas relacionadas con técnicas tradicionales de pintar o esculpir han declinado y han dejado de prevalecer, ha habido, en cambio, una asombrosa proliferación de nuevos procedimientos artísticos, materiales y metodologías. Más allá de la pintura y la escultura –entendidas en su sentido tradicional- los artistas han explorado e inventado una amplia diversidad de técnicas que demandan habilidades muy especiales y con frecuencia sofisticadas. Kwak es uno de esos artistas que ha encontrado un modo de expresión muy imaginativo, que incluye acudir a una técnica altamente personalizada. Es innecesario decir que pegar una cinta adhesiva a una pared es una manera poco convencional de concebir y hacer una obra de arte. Pero se trata de una técnica que produce cualidades expresivas muy singulares. Kwak trabaja en una nueva manera de insertar el arte abstracto en el espacio, con nuevas texturas y nuevas propiedades visuales. Ella se refiere a sus instalaciones como “dibujos espaciales’. Dibujos porque sus instalaciones son esencialmente líneas. Sin embargo, a diferencia de los soportes bidimensionales tradicionalmente asociados con el dibujo, los suyos se despliegan en el espacio, rodeando al espectador y sumiéndolo en un ambiente gráfico. En otras instalaciones Kwak prolongó sus “dibujos espaciales” hacia los suelos, los techos e incluso las escaleras de los lugares.


7/6/09

Chomsky y Obama



En contra de lo que pudiera esperarse, hasta el momento Noam Chomsky ha sido uno de los más severos críticos de Barack Obama. Sus comentarios pueden resumirse de la siguiente manera. 1)La política económica de Obama es una continuación de la iniciada por Bush. Un saneamiento de las instituciones que no contempla una drástica reforma de las propias instituciones financieras. Los asesores de Obama, por lo demás, fueron los encargados de crear la crisis. De ahí que servirse de estos economistas sea un disparate tan grande como encomendarle a Bin Laden que dirija la lucha contra el terrorismo. 2) Con sus slogans de Change y Hope, Obama manipuló, con mucha más destreza que su rival, una inconformidad generalizada y, sobre todo, recibió el apoyo de las industrias financieras, que son determinantes a la hora de decidir quién saldrá electo como presidente. 3) La política de la administración Obama hacia Irán, si bien respetuosa y propensa al diálogo, se basa en la exigencia “imperial” de que Teherán cumpla con las responsabilidades internacionales de no-proliferación de armamentos nucleares. En cuanto a Pakistán y Afganistán, Obama sigue la política de Bush, según la cual ambos países pueden ser bombardeados con entera libertad. 4) Por último, a propósito del conflicto en la franja de Gaza, a finales de enero Chomsky afirmó que el nuevo presidente hacía una “grosera falsificación” de la iniciativa de paz respaldada por la Liga de Naciones Árabes, ya que pasaba por alto el núcleo de dichos esfuerzos. Es decir, la aceptación de un estado palestino por parte de Israel.

El reciente discurso de Obama en la Universidad de El Cairo ha venido a invalidar este último punto y a demostrar que las opiniones de Chomsky en este sentido fueron, cuando menos, apresuradas. Pero no cabe duda de que las críticas de este prolífico pensador son difíciles de contrarrestar y hasta, creo, tienen la agudeza de presentar a Obama como un continuador de las políticas de Bush (algo que tanto los republicanos como los demócratas y los mass-media esquivan discutir o niegan rotundamente). Sin embargo, el autor de ese importante estudio que es Consenso Manufacturado, no parece prestarle importancia al cambio de discursos del nuevo gabinete. Y las palabras en este caso no son, o no debieran reducirse, a una práctica demagógica, ni a una manipulación mediática. Son, por el contrario, indicadores de un cambio de dirección y anticipaciones de actos futuros, aun cuando luego pueda discutirse cuán acertadas, moderadas o catastróficas hayan sido dichas gestiones. Tampoco Chomsky ha reparado en cómo la nueva administración consiguió transformar, incluso antes de la toma de posesión, la imagen adversa de los Estados Unidos que estaba bastante extendida a escala mundial y que era sistemáticamente desatendida o menospreciada por los propios políticos estadounidenses. No se trata, a mi entender, de un detalle carente de importancia. Desde estas nuevas simpatías, la administración Obama presiona a las administraciones de otros países para que se involucren en proyectos en los que Estados Unidos sigue teniendo un papel hegemónico. Incluso gobiernos -como el cubano, el venezolano y los de otros países de América Latina-, que parecen alimentarse y depender de la hostilidad popular hacia las políticas norteamericanas, se han visto precisados a limar sus asperezas y a involucrarse, aunque con evidentes reticencias, en iniciativas de apertura propuestas desde (y por) los Estados Unidos.

2/6/09

Where is our place?

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I
Para la Bienal de Venecia del 2003, el artista ruso Ilya Kabakov, en colaboración con su esposa Emilia, presentó la instalación Where is our place? La obra es una visión desde la experiencia del exilio.

II
Sin ser necesariamente una nostalgia o una idealización del pasado, el exilio es un desajuste de la memoria. El exiliado engrandece los recuerdos o los transfiere obsesivamente hacia los conflictos de su distante suelo natal, como si intentase continuar, desde una sociedad que le resulta ajena, su propia historia personal, repentinamente cercenada. Es éste un modo de contrarrestar el desarraigo. El pasado, el tiempo perdido, deviene en una tierra prometida. Un no-lugar hacia el que de todos modos no puede regresarse y a veces, incluso, un no-lugar al que no se desea volver; pero hacia el cual se emprende una peregrinación que ya no culminará nunca. Where is our place? apunta hacia esa hipertrofia del pasado.

III
En las paredes, Kabakov colgó unos cuadros enormes, con marcos dorados, lejos del alcance de la mirada del espectador, a una altura desde la cual no lograrían percibirse más que de manera distorsionada. Los lienzos quedaban bruscamente interrumpidos por el techo de la galería, como si el propio espacio resultara insuficiente para acomodarlos. Ante los ojos del visitante había una exhibición de fotografías contemporáneas, en formatos más pequeños, acompañadas de versos de poetas rusos. También el montaje variaba de los marcos dorados a molduras en negro. Kabakov creaba una escala en la que nuestro tiempo era desproporcionalmente minúsculo con respecto al pasado.

IV
Una crítica al arte contemporáneo. O mejor dicho, una autocrítica. La altura en la que se colocaron las obras tenía un sentido marcadamente jerárquico, al igual que las dimensiones de las piezas y el uso del color. Así la imagen pintada del pasado poseía un valor superior a la técnica fotográfica del presente, que tendría que ser complementada con citas a textos. Puede o no estarse de acuerdo con esta mirada tradicionalista de Kabakov, pero de cualquier manera, Where is our place? sería el caso, poco frecuente, de una instalación contemporánea que aspira a consagrar el patrimonio artístico contra el que se ha rebelado el arte desde la aparición de las vanguardias. Una forma alternativa de ser subversivo: la sedición profesa un culto al siglo XIX, contra el que precisamente se han erigido todas las irreverencias artísticas de nuestro tiempo. Una protesta contra la protesta y, con todo, concebida desde los lenguajes del presente: una autocrítica

V
Kabakov agregó unos espectadores gigantes, de los que sólo alcanzan a distinguirse sus zapatos, sus vestidos y sus pantalones de franela. Son estas figuras, de innegable carácter escultórico, las que pueden estar a la altura de los lienzos que cuelgan en una inquietante proximidad con el techo. Where is our place? es una crítica al hombre contemporáneo que ha visto cómo se empobrece su capacidad de fruición estética. Sobre el exiliado, que no puede dejar de venerar su propia tradición, Kabakov hace que los espectadores perciban otro tipo de desarraigo, que no es (sólo) el del estar separado de la tierra natal; sino el de no poder acceder al goce visual. Kabakov se cuestiona el rumbo del presente donde el horizonte estético del arte tiende a declinar para hacer prevalecer una dimensión ideológica y tecnológica.