26/10/10

Logo de la revista Art Experience: New York City

Logotipo realizado por el diseñador Ángel Hernández para la revista Art Experience: New York City, cuyo primer número saldrá a comienzos de diciembre, en una versión al español y otra en inglés.







16/10/10

Las instalaciones autocríticas de Jennifer Dalton.

A continuación una traducción, del inglés al español, de un trabajo mío que aparecerá próximamente en la revista Art Pulse, en el número correspondiente al otoño del 2010.

Las instalaciones autocríticas de Jennifer Dalton.

Es posible hacer una historia de las instalaciones porque se trata de un género artístico ya dotado de una tradición muy legítima y de una continuidad en el tiempo. El historiador Michael Archer se ha encargado de la tarea y ha rastreado los comienzos de la instalación hacia al menos las postrimerías del siglo XIX. El término se propagó, según apunta el crítico de arte holandés Sven Lütticken, a mediados de los setenta –es decir, hará unos treinta y cinco años- y vino a sustituir al concepto de environment, que era el que se empleaba con anterioridad.

Si en su momento las instalaciones fueron prácticas artísticas alternativas, en el mundo contemporáneo, y con no poca frecuencia, pudieran verse como ejercicios académicos que permiten encubrir toda suerte de banalidades. Si todavía hoy las instalaciones son percibidas como novedades se debe, al menos en parte, a que las instituciones del arte las han consagrado como tales. Aceptar que una instalación es una forma de expresión artística esencialmente poco convencional, es asumir un punto de vista en sí mismo convencional y absolutamente institucionalizado. Es en muchos sentidos repetir el criterio persuasivo/impositivo con el que el mercado del arte procura venderlas.

¿Podría hablarse de una crisis de las instalaciones cuando todavía ocupan un espacio privilegiado entre las tendencias artísticas actuales, incluso si ya han perdido gran parte de su novedad? ¿Cómo podría hacerse una crítica al mercado de arte que aprovecha las complejidades y hermeticidades inherentes al arte actual para vender, a veces a precios estratosféricos, objetos o desperdicios que, fuera de las instalaciones, uno podría encontrar con toda seguridad en cualquier basurero?

La joven artista newyorkina Jennifer Dalton se ha propuesto, al menos, llamar la atención sobre dichas interrogantes. Las instalaciones que conforman la muestra Making Sense, actualmente expuestas en la Flag Foundation, de Chelsea son obras autorreflexivas y cargadas de un humor enfilado contra las instituciones del arte actual. En una de las piezas, titulada How the artist looks like?, Dalton dispuso varias hileras de fotografías de escritores, artistas visuales, actores y bailarines, entre otras celebridades como Paris Hilton (todas las fotos fueron tomadas de la revista The New Yorker). En apariencia las imágenes están organizadas siguiendo una transición desde “genios” hasta “pinups” (que era el nombre que se les daba a las chicas que aparecían en los calendarios). Pero resulta en ocasiones difícil diferenciar al “genio” del “pinup”, de un modo similar a como sucede en el ámbito de la cultura contemporánea, tal y como se representa en los mass-media.


En What Are We Not Shutting Up About? (¿Por qué no nos callamos la boca?) Dalton incluye las estadísticas de cuántas personas chatearon con el conocido crítico de arte Jerry Saltz a través de facebook. Los gráficos están hechos a mano, de manera chapucera, y los datos que se muestran son totalmente banales. ¿Cuál podría ser la relevancia de toda esa información? ¿Cuántos rumores, que muy bien pudieran reservarse para el espacio de lo privado, emponzoñan el escenario artístico contemporáneo? ¿Cuáles podrían ser, si es que efectivamente existen, los márgenes entre el trabajo intelectual y el mundo del espectáculo? En el centro de la sala el espectador tenía la posibilidad de tomar una manilla con la inscripción “it’s not you, it’s me” (no eres tú, soy yo). Una oración que desde la cual el propio objeto artístico parece hacer una autocrítica y eximir al visitante de cualquier posible sentido de culpa que pueda provocarle su dificultad para reconocer determinados valores en el arte actual.

Jennifer Dalton usa sus instalaciones para desafiar a las producciones artísticas contemporáneas, el mercado y las instituciones del arte. El gesto tiene algo de retorcido. Dalton hace una crítica del main stream, produciendo instalaciones que serán promovidas como imágenes artísticas cuyo valor y sello personal consisten precisamente en hacer la crítica al mercado, las creaciones visuales y las instituciones del arte. No obstante, con este enfoque humorístico y autorreferencial la artista prueba que todavía existe espacio para las complejidades y las criticas, incluso cuando tal vez no exista manera de evitar hundirse en esos círculos viciosos en los que el arte actual parece estar empantanado.