31/10/11

Art Experience NYC, Vol. 1, No. 4, Fall 2011

Una nueva edición ArtExperience:NYC ya está en el website. Hemos publicado primeramente la versión en inglés. La traducción al español saldrá próximamente, en el curso de esta semana.


Si alguien me preguntara por recomendaciones, aconsejaría leer la encuesta de Claire Lieberman sobre alternativas a las galerías de arte, donde participan varios prestigiosos artistas. Es un texto extenso que hemos tenido que dividir en dos partes, reservando otro largo segmento para nuestra próxima edición. Luego están las reseñas de Octavian Esanu sobre las exposiciones de Matthew Barney y Brian Jungen. Además el texto del joven y talentoso editor del inglés, Daniel Solecki, sobre la muestra de Rirkrit Tiravanija. Por último, una entrevista que le hice al artista brasileño Carlito Carvalhosa, que actualmente exhibe en el MoMA su instalación Sum of Days.


Estas serían mis sugerencias. También se incluyen textos sobre la artista japonesa Tabaimo (en la foto), el coreano Do Ho Suh, Tania Bruguera, los fotógrafos Julio Bittencourt y Elinor Carucci y el video Goner de Aïda Ruilova. El poeta asturiano Marcos Canteli Vigón contribuyó con unos versos sobre la reciente muestra de Gabriel Orozco en la Marian Goodman Gallery. Finalmente hemos agregado una nueva sección con comentarios breves de lo que se exhibe en Nueva York, entre los meses de noviembre y diciembre. Esto más o menos conforma las 120 páginas de nuestro nuevo número.
Para ver la revista, visitar nuestro website: www.artexperiencenyc.com

24/10/11

Ragas en escala menor

Una colaboración entre Ravi Shankar y Philip Glass. Ambos compositores se propusieron integrar el acervo de la música tradicional india y el minimalismo de las obras de Glass. Ragas en escala menor es una de las piezas del álbum Passages (1990).

9/10/11

Dos de Paul Krugman


Muchos de nosotros no tenemos una idea nada clara de cómo funciona la economía. Las llamadas derivadas, por ejemplo, son ecuaciones incomprensibles para cualquiera que no esté familiarizado con la materia. Lo mismo puede decirse de muchas leyes del mercado. Es por eso que se agradece el punto de vista del Premio Nobel y columnista del New York Times, Paul Krugman. Aquí su versión, evidentemente simplificada –pero también, evidentemente, autorizada- sobre la actual recesión:

En el primer acto, los bancos aprovecharon la desregulación para andar a sus anchas (y pagarse a sí mismos sumas formidables) e inflar enormes burbujas por medio de préstamos descabellados.  En el segundo acto, las burbujas explotaron –pero los bancos fueron rescatados por los contribuyentes, con asombrosamente pocas cuerdas atadas, incluso cuando los trabajadores comunes siguieron padeciendo las consecuencias de los desmanes de los banqueros. Y, en el tercer acto, los bancos mostraron su gratitud al volverse contra quienes los habían rescatado, retirándoles su respaldo –y las fortunas que todavía poseían gracias a los rescates- detrás de políticos que prometieron mantener bajos sus impuestos y desmantelar las leves regulaciones que se erigieron en las secuelas de la crisis.
Traduzco otro fragmento del artículo de Krugman:
Es cierto que algunos de los manifestantes se visten de forma extravagante o tienen consignas que suenan estúpidas, lo cual es inevitable, dado el carácter abierto de los eventos. Pero, ¿y qué? Yo al menos estoy mucho más ofendido al ver a los plutócratas -que deben su ininterrumpida fortuna a garantías gubernamentales-exquisitamente trajeados,  berreando que Obama ha dicho cosas hirientes sobre ellos, que ante la mirada de unos jóvenes desarrapados que denuncian el consumismo.
 Aquí el texto completo en inglés.

8/10/11

Obama y su sombra

Existe una continuidad entre el movimiento que condujo a la victoria electoral de Barack Obama y las protestas que están teniendo lugar en decenas de ciudades norteamericanas. Quienes hace cuatro años aclamaron al entonces senador de Illinois, albergaron esperanzas que no difieren de las que hoy animan a los partidarios del Ocuppy Wall Street.  Las consignas Hope y Yes, we can son las que, sin pronunciarse, nuevamente inspiran a los manifestantes. Quienes asisten al Zuccotti Park tienen la ilusión de que presionarán lo suficiente como para que el poder financiero dé su brazo a torcer, redistribuya de manera más equitativa las riquezas y devuelva un poco de estabilidad al mercado laboral. Solo que en el Zuccotti Park, entre las numerosas pancartas, letreros y slogans, el Hope y el Yes, we can brillan por su ausencia. Hay una razón para que sea así. Si Ocuppy Wall Street es una prolongación del multitudinario apoyo que recibió Barack Obama en el 2008, ahora esas multitudes, integradas quizás por los mismos grupos sociales, expresan también una profunda inconformidad con el presidente que ellos mismos eligieron. 

Los cerca de tres años de gestión de Obama, los numerosos obstáculos que han mutilado su Hope -hasta convertirla en el desencanto actual-  han evidenciado el fracaso del sistema democrático. Obama ha puesto de manifiesto la incapacidad de las instituciones gubernamentales para hacer valer las aspiraciones de los votantes. El presidente, que contaba con una mayoría demócrata en el Congreso y el Senado, no pudo satisfacer las espectativas de quienes lo llevaron al poder. Los demócratas, aunque gozaron de un considerable poder político, se comportaron de manera vacilante. Agravaron el problema del desempleo, produjeron un engendro que hicieron pasar por una reforma del sistema de salud, entregaron sumas descomunales a las grandes corporaciones y se enredaron en una contienda bélica que no tiene ni pies ni cabeza: Afganistán. Todo esto sin ganarse ni la más mínima lisonja de los republicanos, a quienes Obama sólo recientemente ha dejado de cortejar. A esto se redujo el Hope. El Yes, we can fue un fiasco descomunal.

La contienda electoral del 2012 ya ha empezado. Se pronostica que será la más costosa de toda la historia de los Estados Unidos. Pero ahora parece que estamos a años luz de aquella pugna tan encarnizada entre los Clinton y Obama. Nadie hasta el momento se ha mostrado demasiado interesado en ser el próximo presidente. Hace meses que Hillary Clinton anunció que no se presentará como candidata, mientras Sarah Palin ha preferido anteponer a su familia (con lo cual le ha quitado parte del show a Tina Fay). El favorito hasta el momento –Barack Obama- es una figura descolorida. Una encuesta le concedía un 41 por ciento de popularidad.  ¿Really? Hasta ese número parece inflado. La ventaja de Obama con respecto a los líderes republicanos consiste, sencillamente, en que se le percibe como el mal menor. Me intriga cuál podría ser su próxima consigna.

Sospecho que el adversario más temible de Barack Obama sea su propia sombra, de la que perdura esa Yes, we can del rapero Will. I.am ¿Recuerdan la canción? En un fragmento del discurso a partir del cual Will.I.am creó esa pieza magistral, Obama dice: Nada podrá oponerse al poder de las millones de voces que piden un cambio. Qué tiempos aquellos. Merece la pena volver a escuchar aquel discurso.

5/10/11

Ocuppy Wall Street (II)

En toda la vida política sólo hay una cosa que comprendo, y es el motín, le escribió Flaubert a su amante Louise Colet, en una carta fechada el 6 de agosto de 1846. La frase, a pesar de la enorme distancia que separa al  novelista francés de nuestro presente, describe con síntesis admirable el conflicto de las oposiciones al poder en la vida política contemporánea, donde además de manifestar cierta cuota de inconformidad, no parecen existir alternativas frente al proyecto neo-liberal. Durante su campaña electoral, Obama encendió las esperanzas de reformar el capitalismo contemporáneo; pero muy pronto el presidente norteamericano no sólo terminó por defraudar a la gran mayoría; sino que algunos, como Noam Chomsky, lo han visto como un continuador de la política de George W. Bush. Un seguidor que puede ser incluso más nocivo que el otrora mandatario republicano.  La oposición en la vida política contemporánea pudiera verse, sobre todo, como una consagración del anarquismo, donde sólo existe el júbilo de la protesta, el motín como la única reacción que posee algún sentido porque el resto de las propuestas parecen insuficientes, como si hubiesen quedado descuartizadas y ya sin aliento.

Ocuppy Wall Street es uno de esos ejemplos donde el motín es lo único comprensible. Las grandes cadenas de la información, sin poder prolongar por más tiempo la indiferencia hacia los manifestantes, han optado por etiquetar el movimiento de “desorganizado” y “carente de metas”. Y no les falta razón. Si uno va a Zuccotti Park, donde permanecen congregadas unas ochocientas personas, podría ver que lo mismo se protesta por la ejecución del recluso negro Troy Davis en Georgia, como contra la guerra en Afganistán, el maltrato a los animales, el deterioro al medio ambiente y, sobre todo, contra Wall Street y el sistema tributario –donde son los sectores menos pudientes de la sociedad norteamericana los que, en su conjunto, aportan la mayor parte de los ingresos en términos de impuestos. Yendo un poco más lejos en esta diversidad, casi como una nota curiosa, una mujer asiática y cincuentona, me entregó un ejemplar de una publicación periódica del Partido Comunista Norteamericano, correspondiente al 28 de agosto (hasta la fecha estaba atrasada). Lamenté haberlo arrojado a la basura sin antes al menos revisarlo. El Partido Comunista Norteamericano es algo tan obsoleto, tan apagado que no puedo dejar de verlo como un verdarero fantasma, totalmente invisible o solo visible para algunos enajenados que pueden contarse con los dedos de las manos.

Al mismo tiempo, lo que asisten a Ocuppy Wall Street, parecen tener algunos reclamos específicos que, más allá de la aparente falta de coherencia, le confieren alguna unidad al movimiento. Estas reformas podrían resumirse de la siguiente manera. 1. Ajustes a las regulaciones tributarias, 2. Leyes que ofrezcan formas de contener o impedir futuros desajustes financieros, 3. Que se lleven ante la justicia a los responsables de la presente crisis. Básicamente, exigen una intervención más radical del estado en la administración del sistema democrático.  


2/10/11

Ocuppy Wall Street


Hace unos pocos días, un supuesto agente de la bolsa, posteriormente tildado de parlanchín, fue contactado por la cadena de televisión británica BBC. Los breves minutos que duró la entrevista lo convirtieron en una celebridad mundial. Ante las cámaras Alessio Rastani lanzó afirmaciones tan contundentes como: "A la mayoría de los especuladores no nos importa mucho cómo se va a arreglar la economía o como se va a arreglar toda la situación. Nuestro trabajo consiste en hacer dinero. Personalmente he estado soñando con esto durante tres años. Debo confesar que cada noche me voy a la cama y sueño con otra recesión, sueño con otro momento como este".  Y terminó con un “los gobiernos no dirigen el mundo, Goldman Sach dirige el mundo”.  Difícilmente pueda encontrarse una frase tan fulminante para señalar los límites de las democracias occidentales. Sin embargo las palabras de Rastani también contenían simplificaciones: La bolsa no es del todo indiferente ante una crisis mundial que ahoga al mercado y que engendra no sólo numerosas inestabilidades sociales y políticas, sino también en la propia bolsa. Por otra parte, los gobiernos, por mucho que no dirijan el mundo, poseen la capacidad de establecer regulaciones que obstaculicen la posibilidad de una recesión económica  o atenúen el poder desmedido de los grupos financieros. Que esas interdicciones no se hayan implementado o hasta se hayan derogado es otro problema que evidencia el influjo del capital sobre las instituciones estatales.

La nueva ola de protestas en las democracias occidentales difiere de las  que acontecen en las naciones árabes. Estas últimas están dirigidas, ante todo, contra gobiernos dictatoriales y casi siempre dinásticos. En Europa y ahora en los Estados Unidos, los manifestantes  se enfrentan primeramente contra las instituciones bancarias. Es decir, contra ese poder por encima del estado que, según afirmó Rastani, gobierna el mundo. 


Durante el mes de septiembre se ha asistido, sin todavía alcanzar la difusión mediática que merece, a convocatorias de protestas frente a Wall Street. Es un movimiento creciente. Lo iniciaron nueve personas y ahora, al cabo tres semanas, cuenta con miles de seguidores, además de inspirar a movimientos similares en otras ciudades norteamericanas.  Ayer, 1 de octubre, hubo más de setecientos arrestos en un congestionado Brooklyn Bridge.  Cada día que transcurre el movimiento parece crecer de manera exponencial, hasta hacerse de un espacio mediático e incluso de una fuerza que pudiera alcanzar una representatividad política.  


Como era de esperar, Occupy Wall Street ha despertado el entusiasmo de los críticos más acérrimos del capitalismo norteamericano, como Michael Moore,  Noam Chomsky, KeithOlbermann ; pero también de la actriz Susan Sarandon y  los simpatizantes de Denis Kucinich,  del republicano Ron Paul y del independentista Nader (estos últimos traman una alianza política) han comenzado a colgar videos en los que presentan a estos candidatos como simpatizantes del movimiento .

Una vez más han sido sobre todo las redes sociales los espacios desde donde se divulgan y organizan las protestas: Twitter, Facebook, Youtube, los blogs y la propia página web de Occupy Wall Street.  Las grandes cadenas de televisión norteamericanas, ABC, CNN, NBC, Fox y CBS parecen mantener un comportamiento bastante discreto, a pesar de que sus centros de operación se encuentran en el corazón de Manhattan.  El presidente Barack Obama no ha pronunciado aún ni una palabra, mientras el alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, si bien no ha sido del todo explícito, ha dado a entender que podría hacer abortar las protestas. La gente tiene derecho a protestar - dijo en una entrevista radial, que fue también fue transmitida por un canal de televisión- pero también las demás personas tienen derecho a caminar por las calles sin ser molestadas” y además ha comenzado a hacer declaraciones que tienen a redimir alos bancos de su papel en la crisis.

Continuará