24/2/12

Vinci y la chapucería.




¿Cómo recrear la Florencia del siglo XV en la Habana del siglo XXI? Esta es una limitación de no poca importancia a la hora de concebir un filme basado en un episodio juvenil de la vida de Leonardo da Vinci. No hay en la capital cubana muchas locaciones que hagan pensar en los palazzos y plazas renacentistas. Habría posiblemente que resignarse a ver una Florencia sin el Batisterio Octogonal de San Juan, sin el Ponto Vecchio, sin la emblemática cúpula de Bruneleschi y sin la Plaza de la Señoría. ¿Se podría esbozar a la figura del joven Leonardo y a la vez prescindir de dichos escenarios? Tal vez. Queda al menos la posibilidad de evocar el horizonte estético del renacimiento italiano y las creaciones leonardescas. Pero, salvo el vestuario, la película Vinci, del realizador Eduardo del Llano, no ofrece nada más. Los dibujos de Fabelo, realizados con su proverbial destreza técnica, son remedos deficientes de la obra de Leonardo. Es posible que el artista cubano no se propusiera imitar el estilo tan distintivo del célebre artista. Optó, tal vez, por dejar que su propia personalidad saliera a flote sin dejar de aludir al creador italiano. El resultado es un híbrido de pésimo gusto, anacrónico y sin mucho que ver con las concepciones estéticas de Leonardo, incluso cuando éste, al igual que Fabelo, también estuviese interesado en los rasgos grotescos de las figuras. En los créditos finales se muestran los dibujos del artista contemporáneo, con lo cuales no sólo se atenta contra la veracidad de la reconstrucción histórica o cultural del filme; sino que también se banaliza al arte renacentista y a las obras de Leonardo en particular.

La banda sonora posiblemente sea un poco más acertada. Pero el carácter de música festiva y cortesana que transmiten las composiciones desentona por completo con el escenario supuestamente lúgubre de la prisión. El aire de festividad de las piezas tampoco parece corresponderse con la pretendida gravedad de los asuntos que se discuten en la película (la libertad, el crimen, la necesidad del arte, la experiencia amorosa, el deseo erótico). La música más bien parece apropiada para un filme de aventuras y feriantes. En algún momento se deja que la banda sonora ilustre la camaradería que van desarrollando los protagonistas. Fueron dos o tres minutos que se me hicieron abrumadoramente largos. Las tonadas de apariencia renacentista no tuvieron ningún encanto en una secuencia de imágenes que igualmente carecía de atractivo visual y que poseían una función meramente descriptiva, como si ilustraran algún cuento dirigido a un público infantil.

Resulta chocante que un filme sobre Leonardo da Vinci y donde se discute la importancia de la pintura o el arte, sea tan chapucero desde el punto de vista visual. No pude advertir ningún juego estético más o menos sofisticado con las luces, ni con las poses, ni con los primeros planos, ni con el color. Los personajes portaban una antorcha que a lo sumo funcionaba como una gastada alegoría del conocimiento o de la belleza. Puro lugar común. Otro tanto puede decirse de la breve animación del pájaro en la ventana. Una visión de Leonardo que supuestamente tendría que ver con su anhelo de libertad. Nuevamente se trató de un simbolismo bastante trillado y totalmente cursi, que más bien denotaba la falta de imaginación del director y guionista. Además, la animación está tan torpemente incrustada en el filme que apenas puede encubrir el cometido de darle un poco de diversidad visual a sesenta aburridos minutos que trasncurren en una celda descolorida.

Como prácticamente toda la película acontece en una mazmorra, enseguida Vinci parece una pieza teatral llevada al cine. La cárcel, sin embargo, no resulta opresiva ni claustrofóbica. Es un local espacioso e iluminado que no transmite la idea de la privación de libertad. En cambio si consigue mostrar el aburrimiento y la falta de vitalidad de los protagonistas. Las relaciones entre los personajes carecen de intensidad dramática. La lágrima del joven Leonardo cuando debe despedirse de su efímero amante, es totalmente indescifrable ya que a lo largo del filme no hay apenas atisbos de una atracción romántica, aunque aparezcan proximidades sugerentes entre los cuerpos, gestos lascivos y el desnudo lento e histriónico del adolescente. En lugar de personajes sólo tenemos caricturas de un ladrón y un asesino, Pero nada es más caricaturesco que el retrato de Leonardo, quien en apenas dos jornadas exhibe su interés por lo feo y lo grotesco, su curiosidad por la anatomía, por las proporciones, por los números, la mecánica, el vuelo y la belleza. Un Leonardo da Vinci, que hace unos oscuros cálculos matemáticos e idea un mecanismo de poleas presumiblemente complejo, sólo para tratar de arrancar uno de los barrotes de la mazmorra. Un Leonardo que instruye o conmueve a los delincuentes con frasesitas como “la pintura sirve para volar”, que parecen sacadas de los más ridículos filmes hollywoodenses.

En resumidas cuentas, un filme sobre un personaje que sólo de manera banal es Leonardo da Vinci. Una película en la que no es posible encontrar evidencias de una indagación histórica, que tampoco se enfrasca en complejas discusiones estéticas, ni se preocupa en lo más mínimo por rescatar o releer al mundo renacentista. Un filme mal actuado, con un guión repleto de soluciones facilistas, con personajes reducidos a estereotipos, que no consigue involucrar al espectador en las situaciones dramáticas.

La película vino precedida de una polémica. Los encargados de la selección cubana para el pasado Festival de Cine Latinoamericano de la Habana, no incluyeron a Vinci como parte de la representación del ICAIC. Argumentaron que el tema del filme no tenia que ver con la identidad del festival. Luego de ver Vinci, tengo la sospecha de que sencillamente trataron de ser amables con el realizador y quisieron evitarse la molestia de decirle que su trabajo no poseía los requisitos mínimos para ser admitido en el concurso. De la reacción de Del Llano frente a las críticas de Orlando Luis Pardo, no merece la pena opinar nada. La mejor réplica que pudo hacer Luis Pardo, fue poner un enlace a la película en su blog.



6/2/12

ArtExperience:NYC, Vol. 1, No. 6. Invierno, 2012




Acabamos de publicar un nuevo número de ArtExperience:NYC. La revista tiene más de un centenar de páginas. Incluimos dos entrevistas. La primera con el pintor Byron Kim y la segunda con el productor de televisión y artista visual Ali Hossaini, quien trabaja en la idea de explotar la televisión con fines artísticos.
Otros artistas o reseñas que aparecen en nuestro número del Invierno son: Jeff Wall, You have been there y la muestra de psicoanalista Janet Malcolm. Hemos dedicado una sección al arte afro-americano, con comentarios sobre los performances de Clifford Owens y The Bearden Project (una exposición colectiva concebida como un homenaje a Romare Bearden).  Por ultimo, reseñas sobre el pintor cubano Tomás Esson, las visiones de artistas contemporáneos sobre Corea del Norte y la exposición de Katayoun Vaziri, sobre las protestas que tuvieron lugar en Irán, en el 2009.