17/10/12

Wonderland




Comparto esta reseña sobre Wonderland, la reciente muestra del artista cubano Rafael López-Ramos. El texto se publicó en el número 140 de la revista Arte al Día. Por un inexplicable descuido de los editores, el escrito apareció bajo el nombre de Jesús Rosado. Un error que fue posible corregir en la versión digital, aunque no pudo arreglarse en la revista impresa. Aprovecho la ocasión para felicitar al artista y amigo por su cumpleaños.



Wonderland. Consumismo y erotismo en los collages de Rafael López-Ramos.
Ernesto Menéndez-Conde

Los situacionistas llamaron détournement a una práctica artística que consistía en tomar una mercancía y transformarla en un objeto artístico, de forma tal que  se negara a sí misma como mercancía y, por lo tanto, subvirtiera el imperativo de consumir que caracteriza al capitalismo contemporáneo. Los collages recientes de Rafael López-Ramos parecen seguir una lógica semejante. En su caso son las estrategias publicitarias las que se vuelven contra sí mismas. López-Ramos se sirve de los anuncios que aparecen en las revistas, los recorta y los traslada a sus lienzos. En particular, acude al desnudo femenino para desmontar el carácter de mercancía sexual que distorsiona el erotismo. Como han observado numerosos pensadores contemporáneos, en la actualidad lo que genera complejos de culpa no son las prohibiciones sobre el goce; sino el hecho de no haber disfrutado lo suficiente y no satisfacer las demandas del placer. López-Ramos presenta un mundo banalizado y opresivo precisamente porque está inundado de contenidos sexuales.

López-Ramos aspira a mostrar cuánto hay de pesadilla en las imágenes publicitarias. Sus collages son inusuales formas de un erotismo atractivo y al mismo tiempo chocante. Los cuerpos sensuales de las modelos, las zonas erógenas de la mujer aparecen descarnadamente asociadas a productos cosméticos, a precios de mercancías y a frases que nos ordenan comprar.

Los collages recuerdan a las representaciones pop e incluso a los montajes fotográficos que cualquier adolescente pegaría en alguna pared de su dormitorio. Uno podría pensar que se trata de una práctica bastante trillada. Pero un acierto de los trabajos que López-Ramos exhibe en Wonderland, consiste no sólo en acudir a asociaciones que pudieran parecer degradantes para la mujer; sino en mostrar el carácter invasivo y cotidiano de dichas imágenes. 

Si pudiese decirse así, son obras anti-pornográficas. En uno de los collages encontramos a una joven desnuda, reclinada sobre unas finas telas. El anuncio de un helado de almendra y pistacho cubre la cara de la modelo. El producto alimenticio se torna obsceno, degradante tanto para la figura femenina como para el consumidor.

En otras piezas, los chorreados de pintura están visualmente emparentados con el semen. Los collages de López-Ramos pueden interpretarse como tiradas contra el carácter comercial de la pintura y el arte actual. Aquí el espectador tropieza con una de las más notables paradojas del arte contemporáneo: la crítica al mercado se realiza mediante obras que, a su vez, son mercancías. Quizás no haya manera de salir de este círculo vicioso. Tal vez por eso López-Ramos lo asuma con cinismo. En esto hay una cuota de lucidez: el destino, al parecer inexorable, del arte que ejerce la crítica de las sociedades de consumo es precisamente el ser asimilado por el mercado al que se enfrentan. 

4/10/12

Ganadores y perdedores


Casi todos los medios de prensa coinciden en que Obama perdió el debate de anoche. Ese fue el veredicto. Pero ¿qué quiere decir exactamente eso de ganar o perder un debate por la presidencia de los Estados Unidos? Enumeremos los argumentos de los mass-media: el presidente miró menos a la cara de su adversario, titubeó en algunas ocasiones –mientras su rival se mostraba vigoroso y seguro-, no tuvo el poder de despertar las emociones de la audiencia, se enfrascó en una discusión excesivamente técnica y aburrida,  no captó un chiste de su rival. Obama dio la impresión de no estar lo suficientemente enfocado y se le vio muchas veces cabizbajo, como si consultara sus notas o se sintiese atribulado. Se podrían señalar algunos otros detalles. 


El problema es que ninguno de esos elementos contribuye a definir las políticas que cada candidato sostiene. En la decisión sobre quién realizó un mejor desempeño, la exactitud de los datos que se manejaron –Romney tergiversó las cifras con mayor frecuencia-, o la falta de claridad en las propuestas parecen estar relegadas a un segundo plano. 

En el debate por la presidencia de los Estados Unidos lo que tiene un peso mayor es el lado histriónico.
El público adora las sutilezas del lenguaje corporal, la proyección de la voz y las ingeniosas maniobras prepararas de antemano por los asesores. 

La prensa, apoyada en las encuestas, declara vencedor a un candidato que en varias ocasiones se basó en datos que no se corresponden con las estadísticas, no ofreció grandes detalles sobre cómo implementará sus políticas de saneamiento de la economía y desdijo gran parte de las declaraciones que hizo en los meses anteriores. Para los medios de información, el ganador fue el que, entre otros males:

-Hará recortes en los impuestos que serán favorables a los sectores económicamente más pudientes de la sociedad, en detrimento de los fondos destinados a la educación.

-Amenaza con derogar inmediatamente la reforma de salud defendida por la  administración Obama. Una ley moderada y enrevesada, pero que, con todas sus limitaciones, supone un mayor bienestar público con respecto al pasado.

-Aumentará el presupuesto destinado a la industria bélica.

-Tiene expectativas de fomentar la industria petrolera, mientras no mostró ninguna voluntad por desarrollar  proyectos de energía alternativa.

-Cortará fondos para la divulgación y el financiamiento de las creaciones artísticas. Una agenda que afectaría a organizaciones tan importantes como el National Endowment for the Arts, PBS y NPR.

Todo esto se discutió en el debate de anoche y debió haber quedado claro para los televidentes; pero de todos modos el "ganador" fue el que demostró haber ensayado con más eficiencia cómo mirar a los ojos de su oponente, el que practicó con mayor disciplina un modo de hablar más vehemente y tuvo una mayor habilidad a la hora de manipular las estadísticas. 

2/10/12

¿La suerte está echada?



Una reunión del canciller cubano Bruno Rodríguez con un grupo, que incluía a miembros de CAFE (Cuban Americans for Engagement). No asistí a dicho encuentro. No se hizo ninguna invitación pública, ni se divulgó por ninguna vía. Fue, por lo tanto, un evento privado y, francamente, tampoco me habría interesado en lo más mínimo estar allí. Solo puedo llevarme una idea de lo que se conversó a partir de las referencias que hoy publican los sitios web CubaEncuentro y DDCuba y sobre todo el reporte de la profesora universitaria María Isabel Alfonso, quien se declara vocera de CAFE.

No conozco con detalles la plataforma de esta organización. Simpatizo, sin embargo, con lo que parece ser uno de sus pilares: demandar al gobierno norteamericano el cese incondicional del embargo económico que ha mantenido durante medio siglo. Comparto, además, las peticiones que Alfonso le hizo al canciller cubano, tal y como las describe en su página web. Observo, por último,  que dichas solicitudes fueron enunciadas con una innegable voluntad de diálogo.

Alfonso enumera los reclamos que, desde su punto de vista, propiciarían un intercambio más dinámico entre el exilio cubano y el gobierno de los hermanos Castro.  1. Participación activa de la diáspora en las reformas económicas que emprende el gobierno. 2. Compatibilizar las regulaciones migratorias cubanas con los estándares internacionales. Esto, de acuerdo con Alfonso, significa: a) reducir las leoninas cotizaciones que se establecieron para los pasaportes y visados.  b) restringir los permisos de entrada a la isla sólo a personas que constituyan algún tipo de amenaza para la seguridad nacional. 3. Sentar algunas bases para un proceso de reconciliación nacional y, finalmente, 4. incrementar los intercambios culturales. Aquí Alonso se refiere, en concreto, a la necesidad de eliminar los obstáculos que impone el gobierno cubano para que los intelectuales y artistas que residen en el extranjero puedan llevar sus creaciones y puntos de vista al pueblo cubano.

Lo primero que hizo oportunistamente el canciller Rodríguez fue aislar a este minúsculo grupo de invitados (CAFE estaba representado solo por Alfonso y por López-Levi, que no pudo acudir al encuentro) de otros supuestos ‘malos’ exiliados. Pero incluso los partidarios de “por todos y para el bien de todo” recibieron una rotunda negativa. Un NO con mayúsculas, decepcionante y demoledor. Rodríguez cierra la puerta, como dice muy apropiadamente el titular de DDCuba. El gobierno cubano no parece tener intención de permitir que el exilio invierta económicamente en la isla, ni de hacer ajustes en sus abusivas regulaciones migratorias, ni está dispuesto a propiciar ningún tipo de reconciliación nacional, ni tiene interés alguno en que los artistas y académicos del exilio sean divulgados en la isla.

No es necesario detenerse a comentar las réplicas, para nada convincentes, del canciller cubano. El cinismo de su “Nadie va a financiar con los pasaportes el desarrollo económico de Cuba” difícilmente pueda ser menos irritante. Rodríguez ni siquiera se tomó la molestia de alentar falsas expectativas. Incluso fue tan lejos como para decir que no existiría reconciliación sin ajustes de cuentas. 

Sorprende que a estas alturas un funcionario del rango de Rodríguez rechace de manera tan explícita cualquier tentativa de intercambio. Al parecer la estrategia política del gobierno cubano está trazada con bastante nitidez: subsistir mediante el aislamiento y la represión económica, además de conservar a un enemigo político a quien culpar por la ineficiencia, la falta de libertades y el abuso del poder.

Alfonso cierra su reporte con una nota optimista. Es, afirma la autora, un paso para continuar un diálogo de buena voluntad. Creo que aquí Alfonso tiene y no tiene razón. Habría algunos motivos para  recibir con entusiasmo ese encuentro si se hubiese realizado a comienzos de los años sesenta. Cincuenta años más tarde, en pleno 2012, no lo valoro como un gesto minúsculo y ni siquiera como un intercambio tardío; sino como un humillante acto de hostilidad contra quienes albergan la creencia en un diálogo. ¿Qué hacer, entonces? ¿Poner la otra mejilla? Posiblemente. Y esto, me parece, es lo que acertadamente ha hecho Alfonso. En este caso, son los bravucones y todos aquellos que enarbolan un patriotismo y una moral intransigentes,  los que pasarían por "tontos útiles". Los esfuerzos por continuar un intercambio, por forzar a un diálogo, son los actos que, paradojamente, el gobierno cubano encuentra desestabilizadores, como si fuesen los que verdaderamente podrían dinamitar a ese régimen, tan decididamente rígido y enquistado. 

Por lo pronto, lo pernicioso de un grupo como CAFE es que pone a los representantes del gobierno cubano en una tesitura incómoda. CAFE revela (una vez más) que el diálogo con el régimen de los hermanos Castro no es posible porque sencillamente el gobierno cubano no lo desea y se siente amenazado con dicho intercambio. También permite ver que para la dictadura cubana lo más temible no es la continuidad o el recrudecimiento del embargo, ni mucho menos la extema derecha, sino por el contrario, la voluntad de diálogo y el levantamiento de las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos.